Rehabilitación con la técnica de la Equinoterapia

Niños sordo-ciegos participan de un programa de rehabilitación con la técnica de la Equinoterapia. Luego de nueve meses de trabajo comienzan a notarse los primeros avances

Primero son las manos, única vía de enlace con el exterior. Ellas descubren la crin rebelde y lacia. Los latidos del corazón los siente en la punta de los dedos y acompañan los suyos. El temor le hace retirarse con un pequeño salto hacia atrás.

Todos los días un poco más. A través del lenguaje de señas el maestro le explica que es un amigo noble, en el cual se puede confiar, que le ayudará a sentirse mejor.

Con el paso del tiempo llega el momento de sentarse sobre su grupa. Casi acostado, siente el cuerpo del rocín bajo el suyo. La sorpresa sustituye el temor. Por primera vez cabalga sobre el fuerte lomo de un corcel.

Cada miércoles se engendra la maravilla. Tres pequeños jinetes derrotan el Apocalipsis de sus vidas. Son tres niños sordomudos y ciegos: Yuniet, Lázaro Francisco y Lázaro Felipe. Sin embargo, para Gaviota, Caprichosa y Nevado, ellos son solo amigos menudos a quienes llevarán de paseo, hasta donde la fantasía pueda alcanzar.

SALIR DE LA OSCURIDAD

Carlos Llera es licenciado en Defectología y trabaja desde hace 34 años con niños con necesidades educativas especiales. En la escuela especial Abel Santamaría, de la capital, ocho menores privados de los sentidos de la vista, el oído y el habla son ahora el centro de su tarea.

Durante años busqué información sobre el tema, y comencé a reunir todo lo que llegaba del exterior. La Equinoterapia la estoy aplicando desde el cuatro de diciembre del año pasado, y yo mismo estoy asombrado de los resultados.

No vemos esta técnica como un remedio de rehabilitación, sino como parte de una clase de conceptos en un medio natural. Por ejemplo, montan a caballo y además conocen cómo son los animales con pelo el perro, el gato; otro día aprenden qué cosa es una guayaba o un coco, porque los tocan y los prueban. Nos apoyamos en el lenguaje de señas, que lo realizamos con nuestras manos entre las suyas.

Llera recuerda que al principio no fue fácil asociar a los niños con los caballos: Como los pequeños tienen confianza en su maestro, cogimos sus manos y las pusimos sobre el pelo del profesor, luego sobre su propia cabeza y sobre la del compañero guía del caballo.

Así les explicamos que las personas que los quieren ayudar tienen pelos, por lo tanto, el caballo también es su amigo.

En la monta mejoramos la posición de sentado y la bípeda. Corregimos la columna vertebral, la acción del cuello y la barbilla. Ellos sienten satisfacción, porque les ayuda a entender las cosas

¿No es peligroso utilizar caballos para estos fines?

Solo si no reúnen los requisitos requeridos. Tienen que ser de raza y mayores de siete años. Además, hay que entrenarlos antes de que monten los niños, para que estén cansados.

Llera acotó que en el mundo una terapia con equinos cuesta como promedio 1 500 dólares al mes, y recordó que en España, por ejemplo, existe un proyecto con niños autistas de dos sesiones a la semana por el precio de 4 475 dólares.

Para él quedan aún insatisfacciones. Dificultades con el petróleo le impiden a veces trasladar los niños desde la escuela ubicada en Ciudad Libertad hasta Boyeros, donde los animales los aguardan.

SE ABRE UNA PUERTA

No podíamos negarnos a algo tan humano, expresó Luis Alfonso Cruz, el dueño de los caballos que cada semana, gratuitamente, cede su casa y sus animales para el proyecto de la Equinoterapia.

Esta es una labor que impresiona mucho. Al principio pensamos que no iba a ser posible, pero el tiempo demostró su validez

. Como ser humano, ¿qué le ha aportado esta experiencia?

Nos hemos sensibilizado mucho, no solo nosotros, sino los muchachos del barrio, que vienen y ayudan. A veces las personas discapacitadas provocan la risa o la burla, sin embargo, la gente del barrio se ha conmovido con ellos, y lo que desean es ayudarlos.

Luis tiene diez caballos de pura raza. Muchos han hecho acrobacia y rodeo en la Feria, como Nevado, por ejemplo, que es campeón nacional de acrobacia. Son de mucha sangre, mucho temperamento, pero están acostumbrados a trabajar con las personas, y transmiten su seguridad y energía positiva a los muchachos.

Este hombre cría jamelgos hace nueve años, y tiene un círculo de interés con niños de la comunidad. En el 2001 fundó la Sociedad Amigos del Caballo, que cuenta con 30 miembros. Algunos son criadores, otros simplemente sienten un gusto especial por estos animales.

Nuestro objetivo es crear una sociedad protectora de los caballos y realizar una labor comunitaria, sobre todo con niños y jóvenes, para que dominen al animal, conozcan sus partes, su alimentación, limpieza y cuidado.

AMPLIAR LA EXPERIENCIA

La práctica con estos niños ha motivado a otros especialistas. Así lo comprobó JR el miércoles pasado, cuando coincidió en casa de Luis Alfonso con médicos del Hospital Psiquiátrico de La Habana, interesados en trasladar la experiencia.

Tenemos referencia de que este tipo de tratamiento se aplica en el mundo a enfermos mentales, y queremos aplicarlo para llevar a nuestros pacientes un mejor funcionamiento psicosocial y una calidad de vida superior, afirmó el doctor Humberto Martínez, vicedirector del centro.

De visita en casa de Luis, con el objetivo de concretar la posible realización del proyecto, Humberto explicó que nuestros pacientes tienen dificultades en sus relaciones interpersonales, y las que pueden establecer con los animales es muy positiva, porque es un ser vivo que no critica, no censura, y con el cual pueden desarrollar sentimientos y afectos positivos, de solidaridad. Al desplegarlos con el animal, luego los pueden desplazar a sus relaciones con personas.

Pensamos que en el caso de nuestros pacientes la relación no sea solo la equitación, sino el cuidado, la alimentación y el aseo del animal.

MONTADA SALUDABLE

Hace ocho meses, eran necesarias cuatro personas para que Lázaro Felipe subiera a un caballo. El miedo lo vencía. Hoy, el problema no es montarlo, sino bajarlo.

Afirma Llera que hay que correrle la bestia, porque si no, se niega a bajar. Siente un gran amor por él y hasta lo abraza y lo besa.

Para Yuniet el concepto grande y chiquito fue descubierto a partir de su encuentro con Caprichosa. Con los brazos en alto, ella la busca por el patio.

Alguien puede pensar que eso no tiene gran importancia, pero Llera asegura que es un elemento fundamental para que la niña se ubique en el espacio.

Así, poco a poco, con ternura y dedicación, con desmedida paciencia, los especialistas avanzan en la rehabilitación de estos niños, porque siempre hay una esperanza.

Cabalgando en el tiempo

Los griegos aconsejaban practicar equitación con el fin de mejorar el estado anímico de los enfermos incurables. Hipócrates, 460 antes de nuestra era, habló del saludable trote de los caballos, y en el siglo XVII la medicina utilizaba la equitación como método para combatir la gota.

El neurólogo francés Chassiagnac, en el año 1875, descubrió que el trotar de un caballo mejora el equilibrio, el movimiento articular y el control muscular de los pacientes. Además concluyó que restablecía el estado de ánimo y que era particularmente beneficioso para los parapléjicos y pacientes con trastornos neurológicos. El mayor auge aparece a partir de los años 50, y se desarrolló principalmente en Alemania. Allí se experimentó con el método que en nuestros días se utiliza, basado en el establecimiento de una relación directa entre el movimiento del caballo y la respuesta del paciente.



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